Las imágenes de un espacio urbano arrasado por las explosiones evocaba un cierto universo de ruinas clásicas. Un tiempo que se acercaba a finales del Imperio romano o al Mundo bizantino.
En ese espacio aparecieron figuras clásicas, un ángel demoniaco, el soldado y un mar de fondo.
En la acuarela preparatoria la veduta simplificada de la fotografía se torna más atemporal.
Mucho más vertical para adaptarse al espacio izquierdo de la acuarela.
Sin embargo el sentido del orden está presente en la imagen de partida, que simula un templo y un foro en descomposición.
Por último los vehículos reventados, son el símbolo contemporáneo de la destrucción, la ciudad pierde los artilugios de comunicación, obstruyendo las arterias que la convierten en una entidad viva.
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